Verdaderamente curioso fue aquel día en que mi elefante grande y gris Toribio y yo fuimos a hacerle una visita a Jorge a su casa. Verdaderamente curiosa fue la reacción de Paco también.
Hoy, frente al fuego de la chimenea en esta noche del 17 de Marzo de 2009 a las 00:30, Toribio y yo todavía nos reimos recordando aquel día. Toribio acaba de volver de su baño en la piscina y me ha costado horrores secarle. Aún le quedan partes de su cuero áspero y gris mojadas. Todas las noches le toco un poco mi violoncello y el enano se queda dormido. De mayor quiere ser un gran músico. Ortan Chiviri.
Aquel día como digo Jorge me llamó para que le fuese a ver. Yo nunca le había presentado a Toribio, así que decidí llevarmelo. Como no tenemos coche tuvimos que ir en autobus. Aquel era un día soleado y Toribio se sento, se quitó el sombrero y se puso a leer el periódico. Una señora mayor que estaba sentada cerca de Toribio y que lo miraba con cara de asco fue corriendo a cuatro patas y con las berrugas al viento hacia el autobusero a quejarse de lo mal que olía mi querido amigo. Tras un largo discurso con el autobusero mi amigo no tuvo mas remedio que ir encima del autobus durante el resto del viaje. Pobrecillo ¡con el miedo que tiene a las alturas! Un hombre que había presenciado la escena desde la calle, corrió detras del autobus hasta alcanzarlo, subió, dio un puñetazo a la señora, le arrancó tres o cuatro berrugas de la cara de cuajo, las tiró por la ventana, se bajó del autobus, y se fue por donde había venido.
Cuando llegamos a casa de Jorge, a Toribio le dio miedo bajar del autobus. Pobre. Tuve que subir a ayudarlo. Cuando Toribio se pone nervioso es más bravo que un toro salvaje. Afortunadamente había llevado mi violoncello. Lo saqué y le toque algo. El se volvió inmediatamente feliz y se puso a dar palmas con las patas delanteras y a bailar sevillanas (le gustan mucho las sevillanas) Yo me subí a su gran espalda plateada por el sol y bajamos del autobus al coche de Paco, pues era la unica vía posible de descender sin que Toribio se pusiera nervioso. Y del coche al suelo. Paco, que estaba liándose un cigarro junto a la ventana había observado la escena y hasta mis oidos llegó su grito distante - ¡Joder, el puto bicho! - Guardé a Toribio en el bolsillo de mi abrigo y cruce la puerta.
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1 comentario:
EFECTIVAMENTE, ASÍ DIJE, PERO TRAS BEBERME UNA CERVEZA Y OFRECERTE OTRA A TI,ME COMPADECÍ DE TORIBIO Y OTRA CERVEZA LE DÍ,ACARICIANDOLE CON AMOR.
AY, TORIBIO,TORIBIO Y TODOS CON GRAN ALEGRIA,CANTAMOS ESTA CANCION Y LA PENA DE TORIBIO HUYÓ.
GRACIAS ESPINETE CACHONDON
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